LOS  “MASSARI”

 

Los Misterios de Trápani, además del intrínseco valor artístico, asumen una específica connotación gracias al hecho que los grupos escultóricos no son remolcados por mecanismos mecánicos, sino, tal como ocurre en España con los “costaleros” y en Guatemala con los “cucuruchos”, son llevados a hombros por hombres dedicados a este cometido: los “massari”.

 Sobre la importancia histórica de los portadores cabe decir en la Procesión de la Virgen de los “massari” es posible descubrir como el gremio lleva presente desde hace siglos en el panorama ciudadano con notable relevancia social.

  Los “massari” de los Misterios desarrollan con gran empeño su tarea y eso no puede ser minimamente discutido, por el hecho de que sean recompensados por tal obra. La duración misma de la procesión y la fatiga de la pesada tarea, serían bien poca cosa si no se sumara a la parte puramente económica también la pasional.

  Hace tiempo, cuando los grupos efectuaban las paradas durante la procesión, los “massari” tenían que apoyarlos  en horquillas, eso unido a la fatiga y el buen vino siciliano a menudo fue causa de ruinosas caídas con notables daños a las imágenes. Cuando a las horquillas se sustituyeron por caballetes de madera, la tarea por los “massari” se volvió más fácil, pero no menos pesada.

  Los equipos, es decir los grupos de los portadores de cada  grupo, son decididos mucho tiempo antes de la procesión.

  Al frente de cada equipo hay un responsable, llamado “cabo”, cuya tarea no es solamente la de marcar o mandar el modo de llevar el “misterio”, sino organizar un equipo que sepa desarrollar respetuosamente la tarea asignada. 

Los “massari” viven intensamente la procesión y no es raro ver a los hijos que buscan, al límite de sus fuerzas, ayudar sus padres en la dura tarea y aprender los trucos de la profesión que les serán útiles, cuando un día se hagan “massari”.

 El trabajo del “massaro” se inicia mucho tiempo antes de la Semana Santa, porque la organización de un equipo es no depende de una improvisada decisión, sino que es consecuencia de una precisa y ponderada voluntad organizadora. Y cuando un equipo está bien conjuntado, son los propios cónsules del grupo quienes lo apalabran o reservan para las siguientes procesiones.

  En la víspera, en la iglesia del Purgatorio, los equipos tratan de prepararse de la mejor manera, para permitir una uniformidad de peso, movimiento y equilibrio en el curso de la procesión misma. Se prueban las posiciones y los sitios que ocuparán y la tarde antes se preparan las “astas”, colocando capas de goma espuma, para aliviar la dura tarea de la que dentro de poco serán protagonistas.

  La parada de la tarde en Plaza Vittorio Emanuele, para la tradicional función religiosa, les permite a los portadores una fugaz comida y si bien ya está consolidada la costumbre que sean los jóvenes trapaneses quienes durante la noche lleven los misterios, la fatiga no les es ajena a los “massari” y siempre alguien les vigila, para que todo se desarrolle con regularidad.

En el curso de los años el gremio ha visto crecer la seriedad y la conciencia del propio papel en la procesión y eso nos puede alegrar a todo, a ellos por primeros.

Pero no se puede hablar de los “massari” y olvidar las circunstancias y características que les hace únicos e importantes en el desarrollo de la procesión.

El “cabo” que ya señalado y es el jefe del equipo y tiene en su mano el “ciaccula”, el equivalente al “llamador” usado en España.

  Se trata de un instrumento compuesto por dos trozos de madera que sacuden sobre una tercera madera fija. Se cree que está inspirado en los “troccole” al que reemplazaron en el período anterior a la Páscua, el ruido de las campanas o a los "castañuelas" españolas.

  Cuando el grupo tiene que ser levantado, en un primer momento el “caporale golpea el “ciaccula” sobre el asta del grupo para llamar la atención de los portadores, después de vuelve a llamar los “massari” con la clásica invitación  a posto…...”. y después de dos golpes de “ciaccula”el grupo es levantado. 

Balloncino” es el portador central, situado entre las dos “astas”. Es generalmente más alto que los otros “massari” y su función es muy delicada, en cuánto sirve para equilibrar el peso que carga sobre los restantes portadores.

  Durante la procesión, cuando el grupo está demasiado lejos del que lo precede, el característico “annacata, es decir el rítmico andar con que el grupo es conducido a hombro, es reemplazada, para recobrar el retraso, por la así llamada “arrancata”, una veloz aceleración en el modo de llevar el grupo, caracterizado por el arrastre de pies o “racheo” como se diría en España.

  Cuando los “massari” desean hacer girar el grupo hacia una persona conocida, los “vutate o “attunniate el elegido debe cumplir con la tradición correspondiendo a los “massari” con un donativo, llamado "picaccia". 

También hay que recordar que el tiempo en el que el grupo viene "annacato" al ritmo de una marcha fúnebre se llama “battuta y podría ser el equivalente a una “chicotá” en Andalucía (España). 

Cuándo el sábado, los grupos regresan lentamente, en los ojos de los “massari” se lee toda la fatiga y el amor por su procesión y cuando concluye en la iglesia del Purgatorio, un abrazo emocionado sella aquellas largas horas de amor, fe y pasión.

 

los términos escritos en amarillo son SICILIANOS

 

Foto de Beppino Tartaro