LOS   CONSULES

 La procesión de los veinte grupos de los Misterios es fruto del esfuerzo conjunto de muchos apasionados trapaneses que con amor le dedican gran parte de su tiempo.

  Cada "misterio" está al cuidado de la correspondiente maestranza, cutos jefes son los “Cónsules". Un grupo de personas que siguiendo los pasos de sus propios padres o su propia pasión, se encargan, con gran dedicación, de todo lo que es fundamental para el éxito de la procesión.

  En cada grupo siempre hay un "Jefe-Cónsul", pero es el esfuerzo común es lo que hace que todo lo que se siembra durante el año se recoja el Viernes Santo.

  No faltan problemas y vicisitudes, así como discusiones encendidas o incluso peleas, pero a cada una de ellas siempre sigue la reconciliación, porque es el amor por el propio grupo y el empeño por hacer algo especial es una seña de identidad de cada cónsul.

  Bastantes meses antes de la procesión, los Cónsules recorren la ciudad a lo largo y ancho, a la búsqueda de fondos entre los miembros del gremio. Seguidamente se intenta contratar la banda preferida, el exorno floral, la elección del equipo de los massari ", los vestidos de los figurantes, etc.

  Durante los días de Cuaresma los Cónsules se encuentran en la iglesia del Purgatorio, durante los “scinnute", se reúnen en la sede de la Unión de las Maestranzas, para adoptar las decisiones técnico-organizativas. En la víspera los Cónsules llevan a la iglesia los preciosos adornos argénteos que adornarán el grupo.

  Y la mañana del viernes, con la iglesia, llena de luces y sonidos, los Cónsules todavía echan un vistazo al grupo, seguirán con cuidado el adorno floral, algún que otro vistazo aquí y allá, a la espera que lleguen las dos de la tarde.

  Y cuando por fin las puertas de la iglesia se abren, salen los Cónsules vestidos de negro, alineados delante del grupo, serios, pensativos aquel momento esperado y temido durante muchos días ya ha llegado. Durante toda la procesión, muchos amigos y conocidos saludarán a lo largo de las calles y no dejarán nunca de volver la mirada al propio “misterio", observando el comportamiento de los "massari" y buscando en los ojos de la gente una aprobación y un aplauso por su obra.

  Después de la larga noche, dónde difícilmente encontrarán el tiempo y la gana de dormir, el alba del sábado los encontrará listos para reorganizar la procesión, a recorrer el Curso Vittorio Emanuele, dónde el cálido sol primaveral iluminará las últimas fatigas.

 Por último los Cónsules se colocarán en las andas y con trabajo y amor llevarán personalmente el grupo, conduciéndolo en el último tramo antes del regreso a iglesia.

  Cuando el “misterio” se encuentra a punto de hacer su entrada en la iglesia del Purgatorio, los ojos de los Cónsules se llenarán de lágrimas y al encontrarse en el interior de la  iglesia se fundirán en un abrazo fraternal y un llanto emocionado.

  Volverán a hablar, a discutir, a criticar lo que se pudo hacer y no se ha hecho, pero que se hará; porque la procesión del año siguiente está ya es en su mente y con el mismo entusiasmo empezarán a crear, a imaginar y a vivir aquéllas emociones que viven un año entero en sus corazones.

 


Consules 1.975

Consules 2.004

 

 

   

   

   

Foto de Beppino Tartaro