Boletín de las Cofradías de Sevilla

Organo oficial del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla

 

Año XLVII - N. 564 - Febrero de 2006


   

LA PROCESION DE LOS MISTERIOS DE TRAPANI

Andalucía y Sicilia hermanadas en la celebración de la Pasión

 

  

Texto : Carlos López Bravo

Fotos : Beppino Tartaro y.B.C.S.

 

Del porqué de un empeño.

 

 Este breve artículo, de título tal vez sorprendente para muchos de los habituales lectores del Boletín de las Cofradías de Sevilla, esboza la ya conocida cuestión del parentesco entre las celebraciones de la Semana Santa del sur de España y las del sur de Italia, tomando como referencia la celebración pasionista más famosa de Sicilia, la procesión de los misterios de Trápani. 

Acostumbrados a mirarnos una y otra vez en nuestro propio y acreditado espejo –donde se miran tantas y tantas celebraciones pasionistas de España-, los cofrades sevillanos somos poco propicios a traspasar nuestras fronteras. Con estas líneas, que sólo tratan de ser divulgativas, quisiera romper esa inercia. Y para ello, quiero invitaros a conocer una Semana Santa distinta pero al mismo tiempo muy próxima, en el convencimiento de sus orígenes e influencias hispanas. Una “Simana Santa” - tal como se dice en siciliano- que presenta grandes semejanzas con la nuestra, y no por casualidad. Desde los tiempos de Roma tenemos mucha historia compartida, y es grande el poso cultural común de las vecinas penínsulas itálica e ibérica. Con el sur de Italia esa vinculación es aún más clara y manifiesta. Baste un pequeño símbolo: Sicilia y España comparten los mismos colores -rojo y gualda- en sus respectivas banderas,  provinientes en  ambos casos  de las enseñas usadas en el antiguo reino de Aragón. 

 

Pero estas líneas emplazan sin duda a una investigación  rigurosa, a la que quisiera animar a cuantos estudiosos, especialmente historiadores y antropólogos, puedan atender este tema. Son muchos los interrogantes que se abren tras conocer la realidad de las procesiones de la Pasión que, con raíces españolas, se desarrollan fuera de nuestras fronteras, incardinadas en los países de Hispanoamérica o en el sur de Italia.  He ahí sólo alguna de esas cuestiones trazadas a vuelapluma:  ¿Influyó a lo largo de la historia la Semana Santa sevillana sobre las celebraciones de la Pasión en otras tierras bajo el dominio de la Corona de España?. ¿Se exportó  un único modelo de celebración de la Pasión -por ejemplo el castellano-, y luego cada reino o  territorio lo adaptó a sus modos y tradiciones? ¿O más bien se exportaron, “a la carta” y al gusto de cada pueblo diversos elementos característicos, como sucede hoy en día?. ¿Cómo podrían rastrearse con rigor esas influencias en otras tierras que celebran con gran tradición la Pasión de Nuestro Señor? ¿Es posible trazar una reconstrucción de esas celebraciones y realizar un estudio comparativo a partir de los testimonios históricos documentales?...

 

Quede lanzado el reto. Estas páginas, vuelvo a insistir, sólo tratan de reflejar una apretada visión de una Semana Santa distinta, que no lejana: la de una hermosa ciudad siciliana, que repite en nuestros días, como si se tratase de un eco intemporal, el sonido neto de sus orígenes españoles, tal vez netamente andaluces. Una celebración que no sólo nació, sino que se consolidó en aquel período histórico en que Sicilia fue territorio de la corona española. Una Semana Santa que refunde, en amalgama única, los elementos propios de su tradición con los esquemas importados hace varios siglos desde nuestra tierra.

 

Vaya por delante mi conocimiento sólo parcial e indirecto de la ciudad de Trápani y de su Semana Santa, y del atrevimiento y osadía de este empeño. Sólo basándome en bibliografía italiana y gracias a la colaboración del  amigo cofrade trapanés Beppino Tartaro, al que desde aquí agradezco su inestimable colaboración, he podido entrelazar estas modestas líneas[1]. Me falta desde luego el conocimiento vivo de la misma, pero no la motivación. ¿De dónde proviene ésta? Recientemente tuve la oportunidad de vivir una procesión de gloria en Palermo –la del Carmine de Ballarò- y os aseguro que fue esa experiencia la que me catapultó a escribir este artículo. No olvidaré nunca aquella calurosa tarde del último domingo de julio, junto al mercado de Ballarò, en la Alberghería, uno de los más castizos barrios palermitanos. La preciosa imagen de la Vergine del Carmine, revestida de plata, descendió en su paso por una rampa similar a la nuestra del Salvador, entre arcos de flores blancas y bombillas -que parecían recién trasplantados desde Carrión o Almonte-, saludada por los himnos y marchas interpretadas por una banda de lujosos uniformes, arropada por fuegos de artificio, palmas, vítores, y rodeada de una notable multitud –una auténtica “bulla”-. Ante todo aquello podréis comprender que me diera un vuelco el corazón: ¿Cómo podía pensar que iba a encontrar tantos ecos sevillanos y andaluces en lo más profundo de la capital de Sicilia?. Aquella procesión de la “Congregazione di Maria Santíssima del Carmelo”, a la que acompañaba una representación de “la Confraternitá de María Santíssima Addolorata de la Soledad (sic)”, podría estarse celebrando perfectamente en cualquiera de los pueblos o ciudades de nuestra Andalucía. Gratísima experiencia fue sobre todo encontrar tanto fervor hacia la Virgen y unos modos tan familiares de expresarlo.

 

Trápani, la más occidental de las capitales de Sicilia.

 

Anclada en el centro geográfico del Mediterráneo, la isla de Sicilia constituye un foco cultural de primer orden, tanto por el rico patrimonio monumental y arquitectónico que conserva, como por la abundancia de  ritos y costumbres de sus nueve provincias, fruto todo ello del constante flujo de civilizaciones que ha caracterizado su varias veces milenaria historia.

 

            No cabe duda que decir Sicilia significa, ante todo, decir Italia (otra “coincidencia” con nuestra tierra, donde lo andaluz forma parte muy principal del estereotipo de lo español). Goethe, maravillado tras su visita a la isla en aquel particular “grand tour” que debían realizar los ilustres artistas y literatos europeos en el XIX, lo afirmó con rotundidad: “Sin ver Sicilia no puede comprenderse Italia. Sicilia es la clave de todo”. Su aseveración sigue siendo válida, a pesar de que la isla de la Trinacria no renuncia al poso cultural de ninguno de los pueblos –todos ellos mediterráneos- que habitaron sus fértiles valles y sus costas desde la más remota antigüedad. Hablamos de  Italia, pero de la Italia del sur, y al tiempo, de la mayor isla de todo el Mediterráneo. Sobre un sustrato de pueblos sículos,  élimos y  sicanos (estos últimos de procedencia ibérica), fenicios y griegos desarrollaron sus primeras ciudades. Destacaron así las poderosas colonias de la Magna Grecia, como Agrigento, Motya, Segesta, Selinunte, Gela o Siracusa, que vieron elevarse hasta las más altas cotas la civilización de la polis griega. Más tarde Sicilia fue provincia predilecta de Roma, y vería luego llegar a los godos, los bizantinos y los árabes –que hicieron de Palermo la ciudad más rica de Europa, junto con Córdoba-. Los normandos reconquistaron la isla para la Cristiandad legando asombrosas catedrales románicas en el punto más meridional de expansión de este arte. Y a ellos les sucederán los suevos,  los angevinos de Francia,  los aragoneses, y posteriormente, con la unión de las coronas de Castilla y Aragón, los españoles. Mas, por encima de todos esos legados, asumiéndolos e integrándolos, el pueblo siciliano construyó su propia identidad, dotada de rotunda personalidad en el conjunto de Italia.

 

            Situados con este breve preámbulo histórico nos acercaremos ahora hasta Trápani, la más occidental de las nueve capitales de provincias sicilianas. La ciudad, de origen fenicio, ocupa una estrecha península rocosa con forma de hoz o guadaña, que se adentra en las aguas del mar Tirreno, conformando una ensenada que dio lugar a un magnífico puerto conocido desde la antigüedad griega (Drepanum). Su casco histórico, de calles estrechas y típicamente mediterráneas, conserva un patrimonio arquitectónico de primer orden, constituido fundamentalmente por palacios e iglesias barrocas. Y a pesar de haber sufrido daños en la segunda guerra mundial, concretamente en los bombardeos para su liberación en febrero de 1943, su reconstrucción ha sido excelente. Por su topografía y su estructura urbana, por sus aires marineros, por sus fachadas barrocas y neoclásicas, por los restos de arquitectura defensiva y hasta por el aire salinero que la envuelve, Trápani es la hermana siciliana de otra hermosa ciudad andaluza que tanto sabe también de tradiciones cofrades. Me refiero, naturalmente,  a Cádiz, nuestra “tácita de plata”.

  

La Semana Santa trapanesa.


 

Trápani es conocida en toda Italia por sus salinas, por su puerto, por su famosa Madonna (cuya devoción se expandió hasta nuestras villas de  Osuna o Marchena), y por supuesto, por su singular Semana Santa. Mas no es la única ciudad que celebra con esplendor la Pasión del Señor. En la región destacan también las celebraciones de Caltanissetta, Enna, Catania, Palermo, , Licata, Marsala y Erice, esta dos últimas perteneciente a la misma provincia trapanense.

 

La Semana Santa trapanesa se articula en torno a tres grandes procesiones. Las dos primeras se celebran respectivamente el martes y miércoles santo, y son procesiones marianas. En ambos casos desfilan representaciones pictóricas, veneradísimos iconos de la Madre Dolorosa o la Virgen de los Siete Dolores. El martes santo desfila la procesión de  Madre Pietá dei Massari, patrona de los massari o costaleros; y el miércoles santo desfila la procesión de Madre Pietá del Popolo. Sin embargo el eje principal de todas las celebraciones es la llamada “Procesión de los Misterios de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, que se desarrolla por las calles del casco histórico y por los barrios modernos de la expansión urbana desde la primera tarde de cada Viernes Santo hasta el mediodía del Sábado Santo. Veinticuatro horas consecutivas recorriendo calles y plazas, lo que la convierte en la manifestación externa religiosa más extensa en  duración y recorrido de toda Italia. La organización de la procesión se realiza en el interior de la Iglesia del Purgatorio, actual sede permanente de los grupos o misterios.

 

Forman parte de la misma veinte grupos de la Pasión. Dieciocho misterios propiamente dichos y los pasos de la Urna y de la Dolorosa (L´Addolorata). Estos misterios o grupos (I gruppi dei misteri) son portados en “vare”, esto es, pasos o mejor andas, por unos portadores llamados “massari” que equivaldrían a nuestros costaleros o cargadores.  Pensad en una procesión del “Santo Entierro grande” y encontraréis el más exacto paralelismo.  Todos los misterios tienen su contrapunto sevillano salvo los dos primeros, que no existen actualmente en nuestra ciudad, aunque tuvieron pretérita existencia. 

 

El orden actual del cortejo es el siguiente: la Separazione (El despedimiento o separación de Jesucristo y la Stma.Virgen antes de la pasión); Lavanda (Lavatorio de los pies); Getsemani (Oración en el Huerto); l´Arresto (el Prendimiento); Cedrón (escena de la caída del Cedrón, existente curiosamente en la Semana Santa malagueña: “Nuestro Padre Jesús de la Puente del Cedrón”); Hanna (Jesús ante Ana); Negazione (Negación de San Pedro); Erode (Jesús ante Herodes); Flagellazione (Columna y Azotes); Coronazione (Coronación de Espinas); Ecce Homo (Presentación al Pueblo); Sentenza (Sentencia); Calvario (Jesús Nazareno o Jesús con la cruz al hombro); Spogliazione (Jesús Despojado); Sollevazione (Exaltación); Costato (Lanzada); Deposizione (Descendimiento); Transporto (Traslado al Sepulcro); y finalmente la Urna (con el Señor Yacente) y l´Addolorata (la Virgen Dolorosa o la Soledad).

 

            El aspecto artístico ha sido sin duda fundamental para la valoración universal de la Semana santa trapanesa. Las imágenes que forman los misterios son obras de grandes imagineros que desarrollan su producción en Trápani entre los siglos XVII y XVIII, aunque los talleres tuvieron una segunda etapa de producción en la segunda mitad del siglo XX, para reproducir misterios dañados o desaparecidos en la gran guerra mundial. Trápani aporta a la historia del arte imagineros como Mario Ciotta (fines XVII-XVIII), Baldassare Pisciotta, Domenico y Francesco Nolfo, Antonio Nolfo, Giuseppe Milanti. Cabría destacar la emotividad de las imágenes de  Nuestro Señor Jesucristo, algunas de ellas dotadas de una excepcional  unción sagrada. De otra parte la expresividad de los misterios. Al igual que sucede en Sevilla el realismo barroco sigue siendo apreciado por los ciudadanos. Sin duda aquí también se cotiza ese estilo como el que mejor se adaptó al gusto popular para representar la Pasión de Cristo y los dolores de la Virgen.

  

            Pero los aspectos rituales tradicionales no van a la zaga cuando se pone en valor la procesión de los misterios. Al igual que sucede en nuestra tierra la forma de portar o cargar las andas tiene sus reglas, sus modos, su  específico arte. Allí lo denominan “L´annacata”, expresión que podríamos traducir como la forma de andar, el andar costalero, o el arte del costal, o, incluso como la carga (al estilo gaditano). Los “massari”, más cargadores que costaleros, puesto que cargan al hombro, portan sus andas por las estrechas callejas de la ciudad marcando un aire especial que levanta la admiración del pueblo. La cuadrilla de massari es dirigida por un  “capurali” , que es efectivamente nuestro capataz.

 

            Tras una invitación a situarse en las andas que adopta la fórmula

“¡a posto!” (sorprendentemente igual a nuestra clásica expresión “¿Estáis puestos?”) el “capurali” golpea por dos veces el llamador o “ciaccula”, que se asemeja a unas grandes castañuelas de madera, y los massari levantan las andas. Cada uno de los trayectos en que las andas son portadas al ritmo de una marcha (es decir, el trayecto en que el misterio es paseado o “annacato”) se denomina “battuta”, lo que equivale exactamente a nuestra “chicotá”. El costalero o massari que se sitúa en el centro del paso es llamado “balloncino”, y su trabajo es especialmente difícil, por cuanto equilibra el andar del paso.  En Trápani es tradicional hacer girar el paso hacia una persona conocida, en las llamadas “vutate” o “attuniate” (vueltas). El elegido debe mostrar su agradecimiento ofreciendo un donativo a los massari,  que se denomina “picaccia”.

 

El cortejo humano de la procesión está formado, en cada misterio, por los miembros del gremio ciudadano o maestranza que se encarga de cuidarlo, como veremos seguidamente. Ese tramo de cortejo es dirigido por un  “capuconsole” –cuya figura podríamos asimilar a nuestro diputado mayor de gobierno-. No faltan tampoco las figuras simbólicas, como la representación de la mujer Verónica (tal como es también tradicional en mi hermandad sevillana de Montserrat), o de las Marías. Los fieles se incorporan tras los misterios que más llaman a la devoción, como es el grupo del Calvario o el paso de la Virgen Dolorosa.

 

Seguimos como vemos con tradiciones muy próximas a las nuestras. Los pasos no andan solos. Para “l´annacata” o  andar de los massari nada más imprescindible que la cadencia musical de las bandas de música que interpretan marchas fúnebres. Este aspecto musical ha adquirido al parecer  un desarrollo muy notable en el siglo XX, dada la calidad de las bandas y la exquisitez de los italianos en cuestiones  musicales –como en general sucede con todas las cuestiones artísticas-. Esa imprescindible presencia de las bandas de música para acompañar los misterios, hasta hacerse casi ritual en las procesiones, es algo que evidentemente también nos resulta familiar. Al día de hoy es obvio que los repertorios son radicalmente diversos, aunque quién sabe las sorpresas que podría depararnos el futuro (una banda de Padul, en Granada, ya ha ofrecido sus servicios en Sicilia). Curiosamente tenemos al día de hoy un punto musical de encuentro: la marcha Ione del maestro italiano Enrico Petrella, que adaptada por Manuel Font Fernández en 1899, se interpreta desde entonces tras los palios de nuestras Dolorosas.

 

            Otra tradición trapanesa es la de “le scinnute”, esto es, la bajada de los misterios de sus altares respectivos. Es una tradición que se materializa los viernes de cuaresma, cuando los distintos pasos, por turno, ocupan el presbiterio de la Iglesia del Purgatorio, para ser contemplados y venerados por los fieles. En el exterior del templo las bandas de música celebran conciertos de marchas procesionales, viviendose un anticipo de la Semana Santa. ¿No presenta clara similitud, en su sentido y carácter preparatorio, con las ceremonias de besapiés y besamanos de nuestras Imagenes titulares en las jornadas de Cuaresma, cuando éstas son bajadas de sus altares antes de subir a sus pasos procesionales?

 

Al analizar la Semana Santa trapanesa la característica que encuentro más radicalmente diferenciadora es la del carácter “civil” y no estrictamente “cofrade” de la organización de la procesión de los misterios. La organización de la procesión está en manos exclusivas de la Unione Maestranze, asociación gremial que no deja de ser una unión civil y no una persona jurídica eclesiástica.  Históricamente fue la Cofradía de San Miguel Arcángel la que dio origen a las primeras procesiones, allá por el siglo XIV. Desde el siglo XVII se hicieron cargo de ella los cofrades de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, cofradía de orígenes españoles fundada en 1602 por los sacerdotes Nicolò Galluzzo y Giovanno Marquez, con sede en la Iglesia del Espíritu Santo. Al parecer, las dificultades económicas llevaron a la cofradía, en 1612 , a entregarle el cuidado de cada uno de los pasos o misterios a las distintas Maestranzas ciudadanas, esto es, a los Gremios u organizaciones profesionales de Trápani. Fue un modo de garantizar la viabilidad de los cortejos. Comienzan así las vinculaciones formales entre los gremios y los misterios, documentadas notarialmente en muchos casos (aunque en otros parece ser la mera tradición transmitida oralmente). De este modo  los orfebres se hicieron cargo del grupo de la “Licenza” en 1621; los pescadores de la “Lavanda” en 1704, los hortelanos de “L¨Orazione all´orto” en 1620, los navegantes del misterio de “la caduta al Cedrón” en 1621, y así sucesivamente en un largo etcétera.

 

Sabemos que en Sevilla los gremios tuvieron también una enorme importancia en la celebración de la Semana Santa, porque evidentemente articulaban la vida económica de la ciudad, pero entre nosotros la evolución fue bien distinta, porque los componentes de los distintos gremios se integraron en las diferentes cofradías. La cofradía acogió al gremio, como si se tratara de un patronazgo religioso, y ambos institutos coexistieron y mantuvieron su relación con total independencia. Sólo en ocasiones el gremio estuvo a punto de absorber y hacer desaparecer a la hermandad, endosándose su patrimonio (algún día hablaremos de lo que sucedió en Montserrat con el gremio de mercaderes de lienzo a finales del siglo XVIII y principios del XIX). Pero en el caso sevillano los gremios no tenían ningún tipo de interés en conservar la procesión: para eso estaba la hermandad.  Hoy en día las vinculaciones de los gremios con las cofradías sevillanas son  nominales y casi simbólicas, en muchos casos totalmente inexistentes, y la Semana Santa no se comprende sin las cofradías, en cuanto personas jurídicas sujetas al Código de Derecho Canónico y  perfectamente incardinadas por otra parte en la estructura y en la pastoral de la Iglesia Diocesana.

 

En Trápani, muy al contrario, se conserva la vinculación gremial,  y las distintas maestranzas –entes civiles- siguen siendo las encargadas de portar los distintos misterios, de conservarlos, de cuidar el exorno y el orden en la  procesión. Paradójicamente la cofradía de San Miguel Arcángel, que era la institución eclesiástica que sostenía la procesión, ha  ha sido sancionada en el año 2000 por el Obispo de Trápani a no salir en la misma, que abría siempre con sus encapuchados o nazarenos. Los motivos no están muy claros, porque desde el Obispado se mantiene un preocupante silencio. Al parecer ha sido una mala interpretación  de las figuras de los penitentes encapuchados (¡que han sido considerados como si fuesen máscaras o uniformes de sectas masónicas!).  Con esa controvertida decisión del Obispo local se ha interrumpido una tradición secular que muchos trapaneses quieren volver a recuperar: la de ver a los nazarenos de túnicas blancas y antifaces rojos abriendo la procesión el Viernes Santo. Para nuestra óptica resulta sencillamente increíble este suceso de la supresión de la cofradía.

 

Quisiera finalizar este breve artículo deseando prosperidad y toda clase de éxitos a los cofrades y a cuantos mantienen viva y pujante la Semana Santa en Trápani, y en general en toda Sicilia. Y por supuesto sumandome a esa petición colectiva para la reintegración al cortejo de la Confraternitá di San Michele Arcangelo.  Sería muy hermoso que avanzaramos en el mejor conocimiento mutuo de estas manifestaciones de la religiosidad popular que caracterizan a nuestros dos pueblos y que nos siguen uniendo, en el devenir de los siglos, por encima de fronteras nacionales, por encima incluso de sensibilidades diferentes en nuestras respectivas jerarquías eclesiásticas.

 

Porque las procesiones de la Semana Santa constituyen, en ambos casos, medios válidos de evangelizar y rememorar la Pasión, y un precioso tesoro catequético y penitencial para la Iglesia Católica. Un tesoro que ha perdurado a lo largo de los siglos, en ambas orillas del Mediterráneo, gracias fundamentalmente  a su arraigo popular. Y es que la pasión con que sienten los sicilianos sus tradiciones religiosas es la misma que manifiesta el pueblo andaluz cuando saca a sus calles a sus Cristos, a sus Vírgenes o a sus Santos. Sólo gracias a esa fuerza del imaginario colectivo puede explicarse que estas manifestaciones religiosas, enriquecidas por magníficas creaciones artísticas y por tradiciones locales, se hayan conservado vivas en Sicilia de generación en generación, hasta el punto de convertirse –como también sucede en nuestra tierra- en signos específicos de su Catolicidad y de su identidad colectiva como pueblo.



[1] No sólo se trata de información. Las fotografías que acompañan a este artículo se deben a la gentileza de Beppino Tartaro, uno de los mejores investigadores y divulgadores de la Processione dei Misteri  y de su ciudad de Trápani. Es el creador de la mejor página web dedicada a la Semana Santa trapanesa, y desde aquí invitamos a su conocimiento: www.processionemisteritp.it 

 

 

 

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